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miércoles, 5 de marzo de 2014

Epifanías

Dice el paisano que a la vuelta de ese monte las estrellan brillan más.
Será su sangre india que se transmuta en palabras.

Por ahí anda el indio, a la vera de un camino,
curtido del frío y viento patagónico contemplando.
Por ahí anda el indio, sin palabras de poeta para expresar
porque sus ojos se vuelven hacia los  astros.

Aquellas nubes lejanas, tempestades, lluvias y temibles vientos
que se anuncian en el horizonte,
tienen su significado innato, su lenguaje propio de nuestra tierra,
donde nuestras palabras no encuentran significados.

O acaso se puede describir con palabras,
las epifanías que nacen de la contemplación de las lejanías,
de aquel pehuén que crece entre las rocas, en la cima de un cerro
y resiste estoico  en soledad las tormentas del invierno.
Será que en la revelación que nace al reconocer aquella soledad
que rodea aquel pehuén lejano en el monte, esté el verdadero sosiego.

En la mirada profunda de la fiera salvaje agazapada a punto de perecer,
donde las especies se vuelven una,
cuando notamos en la oscuridad de sus ojos los gritos sordos de clemencia.
Es al reconocer estos mensajes del alma cuando aprehendemos que somos hermanos de cada ser.

Es la misma mirada del indio que defiende su tierra,
la que se confunde con la del puma que cela por sus crías,
o el coirón arraigado a su montaña,
con las rocas que guardan el arroyo.

Es por esto que el indio no necesita palabras de poeta, o para ser poeta se necesitan palabras?

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